La existencia de un yo presupone, al menos en Occidente, una instancia independiente del mundo y de la realidad exterior. El yo se postula como algo que se enfrenta al mundo, que es diferente de él. También lo hace frente a la divinidad. Pero esto no es así en todas las partes del mundo ni lo ha sido a lo largo de la historia. Por tanto, tenemos que concluir que esa concepción, el yo, no sólo es maleable, sino que es una creación de la propia mente. A saber, de la mente occidental.

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