Por supuesto, la Consciencia no puede ignorarse ni olvidarse a sí misma. Puede y de hecho sólo se conoce a sí misma. Es sólo un pensamiento que surge el que imagina que la Consciencia no está presente, que aparentemente oscurece el conocimiento de sí misma de la Consciencia y, como consecuencia, postula como una realidad la muerte y el miedo concomitante de la desaparición, que es el sello de la aparente entidad separada.

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