Sí, el pensamiento del “yo” es como un cliente taimado, muy astuto y sutil, que se pasa el tiempo intentando reconducir la atención hacia el torrente de pensamientos, “lejos” de la presencia, que no necesita de ninguna sensación en particular, sino que es todas y cada una de las sensaciones y experiencias, incluida la de ese aparente “alejarse” de la presencia.

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